Antes de irse de vacaciones, Conz dejó tres indicaciones muy claras anotadas en un Post-it:
“Vicente, no hagas mucho lío ni compres películas zoofílicas Pay-Per-View. Capitán Intriga, posteá cosas divertidas mientras no estoy y hacé que las visitas suban un poco, que no puedo superar las 10,000 diarias. Y p.d. alvarez, por favor, escribí cosas medio bajón así nivelamos lo que escribe el Capitán.”
Lo cierto es que dejé el papelito entre algunas revistas viejas y lo veo recién ahora. Tarde. Porque Conz está volviendo de sus vacaciones en unas horas y, claro, el único que cumplió con su palabra fue Capitán Intriga (porque, lo se porque estuve ahí, en ese momento, Vicente alquiló “Las gatitas y ratones de Porcel” el miércoles a la tarde).
Pero como todo acto crea una reacción, me puse a pensar en las veces que había llegado tarde a las cosas. Me puse a pensar en esas fiestas en las que llegué cuando ya todos se habían ido, en las búsquedas laborales a las cuales me presenté cuando ya habían contratado a alguien y en la vez en la cual casi pierdo un vuelo, por mirar mal la hora del ticket.
Y ahora les pregunto a ustedes, pequeños lectores que están detrás de la pantalla y han llegado hasta aquí, ¿a qué llegaron tarde?









