Somos 5 con vidas tan distintas yet tan parecidas. Nos juntó un destino del cual no tenemos control. Compartimos materias en la facultad, o no. Recreos con cigarrillos, apuntes subrallados de color rosa, almuerzos en una cafeteria mugrienta, fiestas, nervios, examenes y finalmente graduación. El tan famoso “que no se corte” no solo funciono a la perfección sino que nos unió más.
Vacaciones, novios, ex novios, fiestas, borracheras, trabajos nuevos, compañeros, recitales, nuevos novios, peleas tontas, cumpleaños y nuevamente vacaciones.
Estamos sentadas las 5 un día feriado, aunque podría ser cualquier otro día. Las peleas son las mismas de siempre, que no me termines el atado de puchos, que dame el fondito de la coca, que quien se queda con el ultimo roll. Charlamos de gente conocida y gente no tan conocida. Nos enteramos de noticias tristes como abortos espontaneos y noticias lindas como gente que se casa y se va a vivir afuera. Jugamos al Rumi, nos peleamos, armamos estrategias, nos reímos, nos violentamos.
Y al final del día nos encontramos hablando de nuestras frustaciones. De los problemas de nuestra generación, una generación casi perdida en el limbo. El trabajo, los amores, no ganar suficiente dinero como para mantenerse, no tener estabilidad social y economica. Claramente no saber qué hacer con nuestro futuro. Un futuro incierto e inestable, un futuro que siempre parece lejos e inalcanzable. ¿Quedarse acá? ¿Empezar de nuevo lejos? ¿Amar? ¿Tener hijos?
Al final de la charla nos encontramos nuevamente en el square one. Como si fuese un juego de mesa y alguien nos empujó al comienzo del tablero. Volver a empezar, sin saber qué nos encontraremos dentro de cuatro casilleros. Quizás una fortuna. Quizás empezar todo nuevamente. Just roll the dice, and let the game begin, once again.
(este post es mejor leído con esta canción de fondo)







