Es raro como las prioridades en la vida van cambiando. Mientras uno trabaja durante toooooda la semana, no puede esperar a que llegue el viernes para decir “no tengo nada que hacer” o simplemente armar planes más divertidos que tener el culo pegado a una silla.
Acá, a la distancia, con caras conocidas que aún no llegan a ser amigos, la llegada del fin de semana es casi una inminente depresión. Es el primer fin de semana que estoy sola, sin nadie de visita o de paso, mis compañeros de la facultad por alguna razón volvieron todos a Buenos Aires a la vez y no tengo a nadie a quien llamar.
No quiero pasar 3 días encerrada. Sé que es NYC pero los que me conocen de cerca saben que detesto hacer cosas sola.
No voy a patalear, no voy a lloriquear, voy a tener que encontrar una solución a este fin de semana y luchar porque la inminente depresión no me caiga encima y me aplaste. En fin.







