¿Hace falta una pelicula sobre Facebook? fue mi inicial pregunta cuando los rumores empezaron a hacerse realidad y las calles se empapelaron con esa tipografia y ese azul tan obvio. Creo que fue la pregunta de muchos.

The Social Network superó ampliamente mis expectativas. Cuando leí todos los reviews sobre lo mágica que era la película, sobre como no merecía ganar el Oscar sino que directamente lo iba a hacer y sobre como en Rotten Tomatoes ya tenia 100% de ranking pensé “ok, están exagerando un poco”.
No. Cero exageración. No hay un segundo en los 117 minutos que dura la película que esté de más o que te distraiga. Capaz sea la manera en que muestran a Mark Zuckerberg, un absoluto freak y demasiado… demasiado… demasiado inteligente. Como esta persona que creo un imperio de amistades esta solo. Una imagen de un ser amargo y solitario. Un genio queriendo llamar la atención de una chica, o dos chicas tal vez.
No pude despegar los ojos de la pantalla. Puede ser que la cercanía de los personajes haga todo más fácil, como cada nombre lo leímos decenas de veces en los diarios, como fuimos parte de la historia de lo que hoy es Facebook. Como todo esto está pasando hoy, ahora. Hay muchos guiños para aquellos que estamos en Internet hace tiempo, desde el blog de Mark hasta los primeros layouts de Facebook (cómo extraño esos layouts!).
Los diálogos son perfectos, en una historia dramática hacen que el publico se la pase riendo, literalmente, a carcajadas. Jesse Eisenberg, Andrew Garfield y – para mi gran sorpresa – Justin Timberlake merecen ser aplaudidos de pie. Le dan una profundidad a cada uno de los personajes, para mi, desconocida hasta hoy.
La música merece otro capitulo aparte, Trent Reznor hizo un trabajo increible y se subió al carrito 2.0 y ofrece varios temas para descargar gratuitamente.
Es interesante por otro lado ver el crecimiento de este monstruo que hoy nos conecta a todos. Es inspirador ver la pasión que tenían Mark y Eduardo al principio y como no midieron la potencialidad de la herramienta que estaban creando. Es inspirador pensar que tenemos el poder de generar algo así medio borrachos y desde el dormitorio de Harvard. Aunque claro, para eso hay que lograr entrar a Harvard.
Termina la película y uno se queda con un gusto raro en la boca. Por un lado te hace sentir como un imbecil por no tener billones de dolares en tu cuenta, pero a su vez sentís que podés controlar el mundo con un click.
Agradezco a Mashable por la invitación a verla y cuando la vayan a ver espero ver sus opiniones al respecto.