Ella se me sentó al lado al comienzo de clases en el 2002.
Mientras ella fumaba y me hacía demasiadas preguntas yo la miraba con mala onda. ¿Quién era esta persona que tanto quería saber? Tanta pregunta que hizo valió la pena porque nos enteramos que vivíamos a una cuadra de distancia y podíamos ir y volver juntas de la facultad.
Yo no conocía a nadie en Buenos Aires y ella intentaba alejarse de todos los que habían sido parte de su vida durante tanto tiempo.
Así empezó nuestra aventura juntas. Entre clases, corazones rotos, borracheras, nuevos amores, dietas, vacaciones y enojos. Ella estuvo siempre a mi lado y yo siempre al lado de ella. Cuando la veía marchitarse me paraba a su lado y cual si fuese pared hacia rebotar todo lo que la lastimaba. Cuando yo me dejaba lastimar ella decía palabra por palabra todo lo que yo no quería escuchar.
Como todas mis amistades, la interacción cara a cara se vio interrumpida por mi partida. Ella no es muy tecnologica y yo no soy muy old school. Sin embargo cuando nos reencontramos no parecía que hacía seis meses que no nos veíamos, charlamos y nos reímos y se notaba que nos habiamos etrañado mucho.
Hoy llega de visita.
Dos semanas juntas del otro lado del mundo, mostrandole mi nuevo mundo, mis nuevos amigos, mi nuevo lugar.
No sabía la emoción que me iba a generar su visita. Pero acá estoy, esperando que llegue su vuelo atrasado. Esperando para sacarla a pasear. Esperando para tener a alguien que me conoce más que nadie a mi lado disfrutando todo lo bueno y lo estresante que es mi vida en este momento.

La amistad es amor, y este es un claro ejemplo.