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Así las cosas. Foto por Rosario Helman.
Todos tenemos mañas en nuestras casas.
Hay quienes tienen la casa absolutamente pulcra pero nunca hay nada en la heladera, están los que tienen toda la ropa tirada por el piso pero saben exactamente donde esta cada cosa, aquellos que ordenan los libros por color y tamaño o los que no los ordenan para nada.
Guardamos las cosas de manera distinta y tenemos una lógica diferente para todo.
Viviendo con novio estas últimas semanas estamos aprendiendo sobre nuestras mañas y como convivir con ellas. Por ejemplo, novio no soporta que yo deje las cosas enchufadas argumentando, con verdadera razón, que consume energía innecesariamente. Entonces él se pasa desenchufando mi secador de pelo, mi cargador del celular y demás objetos.
Por otro lado yo me la paso tirando cosas a la basura. Él tiene la mania de dejar las cosas sobre la mesada, y se van apilando y apilando sin que ni siquiera se de cuenta. Entonces ahí voy yo a tirar todo porque no puedo ver el pote del yogurt conviviendo con la ventana.
Es gracioso porque son cosas que ni uno ni el otro se dan cuenta que hace, porque claramente no es importante en nuestras vidas. En conjunto somos mejores personas, mas ordenados, mas limpios, mas prolijos y mucho pero mucho más sonrientes.
Todo este fin de semana estuve paseando con Blake Whitman y Sam Morrill de Vimeo que vinieron no solo a conocer Buenos Aires si no también a dar charlas y presenciar el armado del primero Vimeo Offline en Argentina.
Mientras nosotros le mostrabamos las maravillas porteñas (que incluyeron mucha carne, mucho vino y demasiado frio) ellos nos compartieron una cantidad inmensa de videos espectaculares que viven en su plataforma. Si no han paseado por Vimeo les recomiendo ENORMEMENTE que lo hagan, se van a maravillar con las cosas que van a encontrar ahí.
Por ahora, les dejo mi favorito del día. Enjoy!
Enferma.
Así es como me recibe mi estadía en Buenos Aires.
Soy de esas que religiosamente se enferman apenas se asoma el invierno. Mi garganta, porque siempre es su culpa, se pone insoportable. Pica, duele, no me deja respirar de lo inflamada que llega a estar. Mi cartera esta repleta de caramelos de miel y de esos que te hacen dormir la garganta, podría salir a repartirlos a la puerta de un colegio porque tengo suficientes como para tres clases enteras.
Ayer me pasé el día en casa, porque con este frio no iba a arriesgarme a empeorar mi situación.
Estoy viviendo en casa de novio con lo cual soy muy cautelosa al moverme. No quiero cambiarle nada de lugar, no sé muy bien donde esta el punto del agua caliente en la ducha, y por las dudas no salgo al balcón a ver si me quedo encerrada. Ya quemé tostadas e hice saltar una termica, no queremos que más cosas sucedan.
Novio no tiene cable. Tiene el televisor pero no hay nada para ver.
Ayer entonces me la pase en silencio, enferma, despeinada, deambulando despacito por su departamento.
No hablé con nadie hasta las 9pm que fue cuando llegó él para econtrarme emponchada en el sillón jugando a la xbox.
Raro que me pase el día en silencio yo. Muy raro.
Tan raro que hoy amanecí casi sin molestias en la garganta y en perfecto estado para salir de casa y hacer mi vida normal.
After reading Jose Antonio Vargas’s article about being an illegal immigrant I am annoyed.
Before things get confused, I’m glad that he has come all this way and has been able to do all the things he’s done (both journalistically speaking and with his life). I am proud that although being a foreigner he was able to work arm-to-arm with amazing people and in media outlets that I dream of just being able to step in.
That said, I’m not thrilled, happy or sentimental about his coming out.
I’m from Argentina. I’ve always had a tourist visa to travel around USA (a common vacation destiny for my parents while I was growing up) with all the paperwork and money that required. When I was 20 years old I wanted to experience living in the country where dreams come true, and so I applied for an F-1 visa and worked as a ski instructor in California. Freezing my hands and ears off while teaching how to do the pizza to celebrity’s kids. I paid my taxes and before the visa expired I was back home telling my friends all the amazing stories.
I had earned enough money to buy my own skiing gear, my own computer and even a digital camera. I was still in undergrad and having that amount of money was a dream come true.
However, not for a single second did I even think of staying illegally in the country. It wasn’t at all about the fear of getting caught – I had met people there that had been working illegally for years – or the sadness I could cause my parents if I did so. It was more about how I would ruin chances to people from my country who wanted to have the same experience. I was convinced back then that the more we do things correctly, the easier it will be for coming generations to travel and work in the US.
In 2010 I decided to pursue a long dream I had left on pause for several years: earning my masters degree in Journalism at Columbia University.
Again, tons of paperwork and paying thousands of dollars for a student visa. But it was my dream, so I was absolutely willing to do so.
I enjoyed my year in New York so much that I applied for positions that would allow me to stay there. But again, I needed a new visa and although I had spent more money that I ever had in my pocket, I had to pay to get another status that would allow me to work.
To my delight, I was getting offers left and right. Unpaid internships, paid internships, full time positions. I truly believed that the planets were finally aligning and that I was going to be able to work in New York for a couple of years and enrich even more my experience.
Little did I know.
For being an “alien” (term I’ve come to find revolting) I had to show all my papers to the employers to make sure everything was in order. My work authorization has yet to be approved (although I started the paper work over two months ago) and suddenly I saw doors slamming against my face.
Even one of the places where Vargas was able to work without anyone caring about his status shut me off days after saying “the job is yours” leaving me, needless to say, crushed.
So, not to sound bitter, but the morale of the story I’m getting by reading all the tweets that accompany the link to Vargas piece saying “what a great story” or “this is so wonderful” is that you have to do things wrong to be able to succeed in the US.
And that also leaves me wondering if I really want to keep on investing my strength and effort to stay legally, work and pay taxes in a country that is doing it’s best to push me away.
I’ll keep on trying as much as my patience can stand, but the discouragement today is greater than ever.
Y finalmente llegué. De sorpresa para varios, anticipadamente para él y planeado gracias a la ayuda de mis padres.
Casi no vuelo ya que primero el avión tenía problemas con el radio transmisor, esperando cuatro horas para que lo arreglaran solo para ser informados que no teníamos suficiente combustimble.
Cuatros horas y pico sentaditos dentro del avión sin poder movernos ni protestar, mucho menos pedir agua o un poco de aire acondicionado. Mi habilidad para dormir en cualquier lado ayudó que la espera se hiciera un poco más corta pero les puedo asegurar que estar 14 horas dentro de un avión no es nada agradable. Sobre todo si está uno sentado en la última fila donde se mueve como una cocktelera.
Pero llegué.
Buenos Aires me recibió calurosa, humeda y con mucha neblina. Vi a mi abuela (90) y a mi abuelo postizo (95) en un almuerzo familiar por el día del padre más que ameno. Le toque la nariz fria a Hans y le di muchos besos a Vicente. Ahora a dormir enroscada en sus brazos y disfrutar de mis tan merecidas y deseadas vacaciones.
Los malditos de E! Entertainment me están arruinando la vida.
Hace un par de meses decidieron hacer maratones de la serie Sex and The City diariamente. A eso de las 10 de la mañana empiezan los sagrados episodios y duran hasta pasada la una de la tarde. Durante el invierno fueron mis grandes compañeros de emociones mientras esperaba que me contestaran el teléfono en alguna oficina gubernamental.
Siempre fui fan de la serie. No de esas que se saben los diálogos de memoria o dicen en voz alta “esto es algo que Carrie se re pondría” o “si esto le pasase a Charlotte ella reaccionaría así”. No, fan pero no loca. Aunque por momentos sea frívola y demasiado minita, muchas veces verbalizan y exponen comportamientos humanos (porque no es solo sobre mujeres la serie) que no somos capaces de aceptar.
Pero desde que me mudé a New York y empecé la serie casi desde cero todo es distinto. La serie tiene algo de esta ciudad tan tatuado en sus capítulos. Las cosas son tal cual como las muestran, los lugares, las fiestas, cuando los marineros llegan al puerto, cuando hace calor, cuando hace frío, la diferencia entre Brooklyn y Manhattan.
Y así me encuentro hoy. Riendo por momentos y casi llorando en otros al darme cuenta que mi vida está en una pantalla chica, y que para bien (o para mal) próximamente todo pueda cambiar.
Anoche no solo fue luna llena sino que también había eclipse lunar.
Sé que muchos deben estar diciendo “¿Y qué tiene que ver eso con este blog?” o “¿desde cuando esta mina se nos convirtió en mística?”
Bueno nada de eso. O quizás si.
Estuve leyendo en muchos sitios de astrología (lo que es estar al pedo realmente) cómo podía afectarnos esta luna ya que estaba hecha un nudo de angustia. Y por más linda que haya sido para verla y fotografiarla esta maldita luna nos sacudió a todos. Yo, por ejemplo, no paré de llorar los días previos, sentía un peso en el pecho que no me dejaba respirar (literalmente), mal humorada, inestable y triste. El motivo? No tenía ningún motivo para estar así.

Y fue entonces que me puse a leer que estaba pasando y me encontré con que esta luna nos estaba afectando a todos.
Sin ánimos de querer sentirme como una loca, vengo a preguntar por acá si a ustedes les pasó algo parecido. ¿Se sintieron raros en algún momento de estos últimos cinco días?