Hace aproximadamente un año comenzaba la gran aventura de estos últimos meses.
Recuerdo entrar a un salón lleno de caras desconocidas, mucho ruido, muchos saludos y muchos nombres nuevos. Me sentí absolutamente fuera de mi zona de confort. En ese exacto momento en el que entré y no reconocía a nadie me pregunté porqué estaba haciendo esto. ¿Qué necesidad tenía de volver a estudiar?
Nos hicieron sentar rápido para poder empezar todo a tiempo (días más tarde aprendo que para esta universidad el tema del horario es clave, todo empieza en punto, pase lo que pase). Uno de los decanos se presentó y luego nos hizo parar uno por uno y contar de donde veníamos, que hacíamos y que esperábamos de esta experiencia. Me acuerdo que mi corazón se disparó, odio hablar en público y acá estaba yo parada frente a no sé cuantos cientos de personas desconocidas y con historias increíbles. “My name is Maria Constanza Preti, but if you call me Maria I won’t turn around” dije al comienzo de mi presentación como para romper el hielo. En el pizarrón iban anotando de que países éramos y fue muy raro ver Argentina con un solo palito al lado.
Mirando para atrás fue de las cosas más fáciles que tuve que hacer, obviamente. También aprendí que no era la única con panico escénico sino que varios de los que luego se convirtieron en íntimos amigos estaban pensando exactamente lo mismo que yo: ¿Qué hacemos acá?
Hoy todos los nuevos alumnos internacionales están comenzando su aventura. Están sentados en el mismo salón, con el mismo decano, con la misma rutina y seguramente con el mismo miedo que yo tuve.
Sigo sin caer que ya pasó un año entero, con sus altos y bajos, con los fracasos y triunfos, con los días en que no podía más y los que me sentía invencible.
A todos los que comienzan hoy: buena suerte y aprovechen todo lo que puedan, juro que pasa mucho más rápido de lo que pueden imaginarse.