En el recorrer de nuestras vidas conocemos un sin fin de personas. Algunas se vuelven irremplazables, otras rellenan vacíos y la gran mayoría pasa sin hacer mucho ruido.
Los irremplazables son los que hacen la vida interesante. Son los que te levantan cuando te caes, te empujan cuando asustas, te bajan cuando te la crees y te abrazan cuando saben que no das mas.
En este viaje a San Francisco se juntaron dos irremplazables de mi vida y gracias a ellos fue que tuve una sonrisa imborrable durante el fin de semana.
Y fue por ellos que intente, sin éxito alguno, lograr detener el tiempo. Quedarme ahí, en ese exacto momento en el que mi corazón estaba explotando de alegría sin que nadie se diera cuenta. No pude. Me tocara juntar millas y viajar para abrazarlos mas a menudo.




