Aunque vengo con falta de ganas de escribir acá, hay algunos vicios que son difíciles de dejar. Ya van un par de años que lo hago y es un buen recuerdo de lo que me hizo crecer.
Es por eso que me siento a revivir este año que paso, que a pesar de tener altos y bajos me hizo caso y fueron 12 meses extremadamente dulces.
Enero, y para no romper tradiciones, brinde con amigos en Punta del Este vestida de blanco. Pedí a las 12:01 del primer día del 2012 que me diera un poco de paz interna y fuerza para seguir adelante. Disfrute los pocos días con mi familia y queridos, que como nunca antes, me apoyaron en un momento súper oscuro. Volví a Miami con el corazón partido pero decidida a rearmarme y reencontrarme. Mi mejor amiga de toda la vida decidió mudarse a San Francisco, emocionada volé a encontrarla y a mi sorpresa encontré mas que solo un viaje de amigas. Emocionada viaje con amigos a Disney y disfrute 3 días de juegos y risas. Hagan caso cuando les dice que la risa cura las heridas, no hay mayor verdad.
Febrero me encontró sintiéndome una adolescente con mariposas en la panza. Viaje a Las Vegas por trabajo, mi primer conferencia representando a mi empleador, pechito inflado. En la ciudad del pecado encontré al amor, casi como el cliché del tema de Riahanna “we found love in a hopeless place”. Apretar ‘play’ a algo que había quedado en pausa demasiado tiempo, y por motivos que aun hoy no entiendo. Visita de padre y un poco de bonding entre nosotros, cosa que nunca viene mal. En el mes de los enamorados vi a mi primo mas tiro al aire casarse, dándole un poco de esperanza a mi abuela de que sus nietos no están tan perdidos como ella cree. A los noventaylargos se fue mi abuelo, que en realidad no era mi abuelo de sangre pero se sentía así. De chiquita le dije que yo no tenia abuelos porque ambos habían muerto y el me miro con esa paz que siempre lo caracterizo y me dijo “como que no tenes abuelos? Y yo que soy?”
En Marzo la cosa se puso seria y lo que fue un romance de San Valentín ahora tenia nombre y apellido frente a mis padres. Volé a Buenos Aires por tercera vez en el año para visitar a todos antes de quedar enjaulada en USA mientras mi visa era procesada. Decidí honrar el amor que mi abuela me ha dado incondicionalmente y llevarla tatuada en mi muñeca porque “you wear your heart on your sleeve”. En St Patrick’s day jure no volver a repetir mis errores mientras me hundía en largos besos con gusto a calor y cerveza para terminar bailando Frank Sinatra en el balcón de mi casa bajo la luz de las estrellas.
La frustración hacia Miami nunca se fue. No era mi lugar en el mundo y toda la fuerza que había levantado a principios de año se iba esfumando. Los viajes constantes a San Francisco me mantenían animada, tenia algo que añorar. Era la emoción de verlo a el y dormir acurrucada entre sus brazos, pero también sentirme viva en una ciudad tan particular. Madre vino a visitar y el clima decidió encapricharse: pasamos una semana y media bajo la lluvia inventando planes. Nuevamente mas bonding madre e hija, que aunque seamos taaaaaan diferentes tenemos muchas cosas en común.
Mayo me trajo una alegría absurda. No solo viajamos por la costa de San Francisco en un pequeño e improvisadisimo road trip, sino que también me anunciaron que volver a New York – por pocos meses – al lanzamiento de nuestro proyecto. Sentí que todo iba tomando forma, que las cosas empezaban a estar donde siempre tuvieron que estar. Arme una valija que tenia que durarme hasta el final del verano y emprendí el retorno a la ciudad que es tan mía.
Junio. Verano. New York. No hay mejor combinación que esa. Tuve la oportunidad de cubrir nuevamente el Vimeo Festival y reencontrarme con grandes amigos. Decidí festejar mi cumpleaños a lo grande, no solo porque es el ultimo de mis veinti sino también porque sentía que me lo debía por el mes de mierda que había pasado el año anterior. Entonces hubo cena, fiesta, almuerzo, paseo, Brooklyn, alcohol, sexo, amor. El me dio el mejor regalo del mundo: no soltarme la mano durante todo el fin de semana. Sin darnos mucho cuenta, comenzábamos una gran nueva aventura que iba a dar sus frutos mas adelante.
Volví a Miami a reencontrarme con padres y comenzar el ritmo insano de trabajo que me iba a seguir hasta el fin del año. Entendí que Miami es muy lindo de vacaciones. Sus hermosas playas, mucho shopping, riquísima comida. Disfrute de manera muy distinta. Fui mimada en cantidades obscenas ya que no nos reencontrábamos desde marzo y para padres de hijos únicos eso es toda una eternidad. Pase incontables horas esperando a médicos, un millón de pinchazos para sacar sangre, tres mil estudios y un resultado desesperanzador: no sabemos que tenes.
El verano estaba a punto de terminar y nuestro proyecto seguía sin lanzar. Mezcla de frustración y ansiedad ya que mi futuro físico era incierto. Tuve que desarmar mi departamento en Miami sin saber a donde iba a terminar. New York? San Francisco? Buenos Aires? Estaba decidida a que Miami no era una opción viable pero tampoco tenia esperanzas de algo nuevo. Su apoyo era inquebrantable y me repetía que todo iba a salir bien. Creo que debería prestarle atención mas a menudo. Un accidente hogareño nos dejo en la sala de emergencias del hospital mas cercano. Por un segundo cundió el pánico, pero luego cuando todo estaba en su lugar hice click y entendí que esas pequeñas cosas son las que nos van a acompañar para toda la vida.
Para Septiembre tenia que tomar una decisión. Junté todo el coraje que no tengo, escribí mails, lloriqueé, dude mucho y patalee. Para el final del mes tenia la confirmación de que me quedaba trabajando en New York y no solo eso, novio dejaba San Francisco y empezábamos un nuevo capitulo en nuestras vidas. Es que claramente la vida de relaciones a larga distancia no es saludable (hola, si tendré experiencia en eso) y las ganas de estar juntos eran tan fuertes que nos chupaba como un imán. En mi ultimo viaje a San Francisco madre me llamo a los gritos. Mi abuela se había caído nuevamente y se había quebrado la cadera del otro lado. Había que operarla, pero a sus 91 años cualquier procedimiento es riesgoso. La angustia no me dejaba comer, no me dejaba pensar, casi no me dejaba respirar. Lo único que pedía era poder volverla a ver bien a mi abuela.
En Octubre los aeropuertos dejaron de ser un lugar de lagrimas. En realidad, casi prácticamente dejaron de ser parte de nuestra vida. Luego de pasar 36 semanas consecutivas en aeropuertos nos encontramos para buscar nuestro futuro hogar. Mi visa fue aprobada y sentí como me sacaban un peso de encima. Nunca dude que no me la fueran a dar (bueno, un poquito si) pero la claustrofobia de no poder salir, de no poder estar con mis padres durante los momentos que estaban viviendo era insoportable. Sandy llego y con ella nuestra vida se puso patas para arriba. Durante 14 días vivimos en 12 lugares diferentes. Al principio toda la ciudad estaba frenada y había una gran cadena de solidaridad. Pero al pasar de los días y cuando la vida volvió a su normalidad para la gran mayoría, era insoportable no tener donde dormir esa noche, no tener ropa limpia, no saber cuando íbamos a poder dormir en nuestra cama. Conocí a mi suegra en las peores condiciones posibles y a pesar de eso fue todo muy natural y divertido.
Elecciones, noches sin dormir, estrés, Sandy, mudanza, tormenta de nieve. Esos fueron los 5 primeros días de Noviembre. Parecía que habían compactado 5 meses en 5 días. Por suerte la mudanza llegó, nos entregaron las llaves y tuvimos un lugar al que llamar casa, con luz, calefacción y ducha caliente. Estábamos encaminados. Visa, trabajo, casa, amor. Que mas se puede necesitar?
Y llego diciembre una vez mas. Escuchamos a cada rato a alguien decir “que rápido que paso este año che”. Y la verdad es que si, pasó volando. Volví a Buenos Aires con un poco de miedo. La ultima vez que había estado acá era un mar de lagrimas y de decepción. Tenia miedo de encontrarme con la gente que hacia meses no veía y que el único tema de conversación fuera lo que pasó 12 meses atrás. Por suerte no fue así, y llore de la risa con mis amigas mientras me ponían al tanto de en que andaba cada una. Pude abrazar a mi abuela con fuerza y acompañarla en su corta estadía en el hospital para que se aburriera menos. Me revolqué en el pasto con Hans y dormí abrazada a Vicente. Presenté a novio en casa y todo fue felicidad.
Rompo tradiciones y por primera vez en 29 años paso el comienzo del 2013 en Buenos Aires. Priorizo la familia, que teniéndola lejos y viéndola tan pocas veces al año hace mucha falta.
Creo que 2011 me sacudió para poder disfrutar mas lo que 2012 tenia para darme.
No tengo mucho que pedir al 2013 mas que todo siga como viene. Amor, paz y estabilidad. Basta de golpearse contra paredes a lo bruto!
2013, seja ainda mais doce.
Connie leido de principio a fin, alguna sonrisas se me escaparon a tu ingeniosa descripcion. Mucho de lo aca expresado lo habia escuchado por ti o por tus padres, pero leerlo me causo mucha alegria por la forma como describes lo vivido y tu sinceridad al expresar lo que sientes. Que buena forma de cerrar un anio y de agradecer por lo que se tiene.
Y vos lo tenes todo.
Sigue abriendo tu mente y corazon a todo lo que va a ocurrir en tu vida, que con seguridad seran muchas cosas buenas.Las mereces. Feliz Ano Nuevo.